A pesar de todas las dificultades, todo esto me convirtió en la persona más feliz, que puede decir con orgullo: ¡soy una ganadora! Todo se arregló y encontré mucho más en mi vida.
Siempre recordaré aquellos días en Salisbury, el oleaje del océano en Ocean City, el agua cálida del Golfo de México en Playa Bagdad y todo el conocimiento que adquirí me guiará por el resto de mi vida. Extraño la barbacoa caliente y deliciosa que me convirtió de vegetariana en carnívora, los tacos con aguacate del jardín del vecino... Sabía que tenía que regresar y pensaba que todo sería elementalmente fácil. Pero un día me di cuenta de que sentía algo tan épico, algo que nunca había sentido hasta ese momento. Hice mis maletas y agradecí a la familia que tanto me ayudó y Gek y yo nos fuimos a la frontera... Los ojos se me nublaron de lágrimas. Simplemente me acerqué a mi persona más cercana y le dije que lo amaba. Eché 25 centavos en la máquina y pasé el torniquete... Lo miraba y él también lloraba, igual que yo. Me alejaba, pero nos mirábamos... yo gritaba que tenía que ser así, pero que volveré, tú lo sabes... ¡solo cree y no te rindas! Never give up...
El avión me llevaba cada vez más lejos y yo apretaba lo que se había convertido en mi tesoro... un pequeño ratoncito de peluche que era el único juguete de mi Héctor. Y él se quedó con mi conejo y un gran dibujo infantil en la pared de mi habitación... Lo dibujé para que cuando él despertara, lo viera y quisiera hacer hoy algo que nos acercara de nuevo...
¡Porque nosotros nunca nos rendimos!





