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Yuliya
1 de julio

Si hay que empezar una historia sobre Estados Unidos, hay que hacerlo desde el principio: ¡desde el avión! El vuelo fue largo... ¡Minsk-Moscú-Washington-Denver-Jackson! Estaba muy nerviosa por si llegaba a todos los transbordos, ya que tenía entre 1 hora y media y 55 minutos dependiendo del aeropuerto... En Moscú, justo delante de mí, el sistema de facturación falló y estuvimos esperando una hora entera hasta que lo arreglaron. El vuelo se retrasó 45 minutos. A mi lado había una mujer, profesora de economía, y un hombre, un cantante de gira, y estuve escuchando durante una hora sus conversaciones sobre cuántos países había visitado cada uno. Por desgracia, no decían nada interesante, incluso dudo que se escucharan el uno al otro... Más bien presumían y competían... En cualquier caso, al llegar a Washington, tuve que pasar por el control de aduanas. La mujer que estaba delante de mí no hablaba inglés, así que el oficial de aduanas me llamó y me pidió que le ayudara a traducir... Así fue como, por primera vez en territorio estadounidense, me hicieron un cumplido por mi buen inglés. Estuve orgullosa de ello durante cinco horas, pero luego llegué a mi destino y, cuando me preguntaron por la situación económica en Bielorrusia, me di cuenta de que no podía articular nada más que dos o tres frases... Fue triste... Pero volviendo a los vuelos, ¡mi momento favorito es el despegue del avión! Acelera, y más, y más, y de repente ya estamos volando. Después ya no me interesa y no ocurre nada emocionante. El principal resultado de todos estos vuelos fue el lema: ¡Relájate! Todo sale muy fácil y sin tensiones, todos los transbordos fueron sin problemas y disfruté muchísimo volando por medio mundo totalmente sola. ¡Creo que vosotros también deberíais probarlo algún día! : - )

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