Recogiendo los fragmentos de mis recuerdos, intento encajarlos en un mosaico general, colocar con cuidado cada detalle y guardarlo como un tesoro hasta el fin de mis días. Pero por mucho que me esfuerce en llevar mis recuerdos a un denominador común, por desgracia, no lo consigo. Fue demasiado diferente, contradictoria, caótica, mi América. En ciertos momentos, la tierra desaparecía bajo mis pies y parecía que la vida pendía de un hilo... Y hubo días que, por el peso específico de la felicidad que contenían, valían más que toda una vida.
Mi América es un cóctel de imágenes vívidas, experiencias profundas y sentimientos celestiales. Su receta aún no he podido descifrarla del todo, y su sabor peligroso y astringente ha quedado para siempre en mis labios.
He decidido contar solo los momentos más significativos y queridos para mí, aquellas impresiones que, como tatuajes, nunca se borrarán de la delicada piel de mi alma.