Hasta que llegué a Nueva York pasó muchísimo tiempo y no encontré ni una sola ducha en el camino. Todo tal como lo calculé en Ekaterimburgo antes de empezar el viaje: un día hasta Moscú (después del tren ya no ayuda mucho la colonia), otro día hasta que volé a Nueva York (esto sumado al tiempo que estuve en Domodédovo), y pasé otra noche en el aeropuerto de Nueva York, ya que llegué a altas horas de la noche. Y llegó la mañana; para la noche compré un billete de autobús a Myrtle Beach. En general, se puede pasear todo el día, solo hay un obstáculo: mi fragancia apestosa. Pero esto es Estados Unidos, esto es Nueva York (como si aquí todo oliera así, pues no), no se puede estar sentado. En fin, me dio igual y me fui a pasear. Dicen que Nueva York apesta, no sé, no sentí nada. O quizás yo mismo añadí algo. P.D. Nikitoz me ayudó a calcular la cantidad de días sin ducha, lo hizo en un santiamén. A mí eso no me asustaba en absoluto. Pero recordé su risa. P.P.D. Por la noche me encerré en el baño de la estación. No en un cubículo, EN EL BAÑO. Me lavé como pude: me lavé las axilas, me cepillé los dientes, me cambié los calcetines y la ropa interior. Y cuando intentaban entrar a la fuerza al baño, pensé en las palabras de la guía de Estados Unidos "Descubre América", algo así como "los estadounidenses son todos diferentes, no se puede decir algo que los una a todos. A veces parece que se salen de los límites de lo permitido". Pienso que yo también me saldré un poquito =)





