Capítulo once: Es realmente triste
Cometí un pequeño error. No escribí algunas cosas por las prisas. Aunque no escribí muchas cosas... En fin, un día Kiryusha y yo paramos en una casa de empeños de camino al trabajo). La parte izquierda estaba llena de guitarras, amplificadores, motocicletas y herramientas, y la derecha de joyas. Y un buen día la vi. La guitarra de mis sueños. Cumplía con todos mis requisitos para una guitarra eléctrica ideal: forma anticuada, aspecto modesto... y cuando la escuchamos y vimos que era de Japón, quedó claro: hay que comprarla y rápido. El vendedor cumplió con gusto todas nuestras peticiones, empezamos a charlar, dijo que su esposa era rusa y que por eso respetaba mucho a todos los rusos, dijo que esta guitarra era de los años 70, por eso suena tan excelente, suave y profunda. Hasta el día siguiente estuvimos como en ascuas, y desde primera hora de la mañana, sin desayunar, fuimos a por ELLA. Conseguí mi sueño por la ridícula suma de 200$, junto con una funda maravillosa...
Y al día siguiente, de camino al trabajo, vimos desde lejos que algo no iba bien en la casa de empeños. Todo estaba acordonado por la policía, ambulancias, policías con walkie-talkies por todas partes. Había ocurrido algo terrible. Y ya por la noche, de camino a casa, vimos pegados en la casa de empeños los retratos robot de un hombre y una mujer. Resultó que esos dos irrumpieron en la casa de empeños con el objetivo de robar la sección de joyería y los empleados de la casa de empeños se interpusieron en su camino. Los mataron a tiros... Y a ese chico tan amable que el día anterior nos había vendido la guitarra... Se nos heló la sangre. Durante mucho tiempo, en las puertas de la casa de empeños colgó un candado enorme y esas fotos espeluznantes, y había flores por todas partes. Nos volvimos más cautelosos. Caressa nos llevaba al trabajo en su coche y nos traía a casa cuando trabajábamos por turnos, diciendo que estaba preocupada por nosotros.
Vimos otras caras de Estados Unidos. Aquí no todo va siempre sobre ruedas. Aquí la gente muere igual que en todas partes...



